Del desamor y sus demonios...

lunes, 28 de julio de 2014

Quiero vivir mis propias historias


Quiero vivir mis propias historias.
Revivirlas.
Me niego a aceptar que están muertas.
Luto.
Ese luto sobre el que piensas sin necesidad.
Casarse para olvidarse del matrimonio.
Enamorarse para olvidarse del amor.
Me hallaste para que yo terminara las tareas pendientes.
Las tareas de esa cosa rara que muchos llaman “amor”.
Luto.
Ese luto que viene después de que amas.
Ese luto que se presenta a veces en el desamor.
Pero siempre en el amor.

sábado, 5 de febrero de 2011

Ya casi tengo 27

Cuando tenía 9 años, los diez parecían simétricos.
A mis 26, los treinta parecen prestigiosos.

Cuando tenía 10, quinto de primaria era la cúspide.
A mis 26, la maestría es la base.

Cuando tenía 11, mi padre era un mago.
A mis 26, mi padre es un semidiós.

Cuando tenía 12, mi hermano tenía 8.
A mis 26, mi hermano tiene 80.

Cuando tenía 13, una pequeña ciudad era el centro del mundo.
A mis 26, el mundo ya no tiene centro.

Cuando tenía 14, me gustaba un niño.
A mis 26, mi novio cocina todos los días.

Cuando tenía 15, me vestí de princesa.
A mis 26, odio todo tipo de realeza.

Cuando tenía 16, el amor aparecía, de pronto aparecía.
A mis 26, el amor se construye.

Cuando tenía 17, la filosofía era un milagro.
A mis 26, la filosofía es mi salvación.

Cuando tenía 18, Madrid era el futuro de mi presente.
A mis 26, Madrid es el recuerdo de los olvidos.

Cuando tenía 19, la vida no valía nada.
A mis 26, la nada vale la vida.

Cuando tenía 20, viajar significaba conocer.
A mis 26, viajar significa volver.

Cuando tenía 21, me enamoré por primera vez.
A mis 26, sigo sin entender porqué.

Cuando tenía 22, me desenamoré por primera vez.
A mis 26, me pregunto exactamente de quién.

Cuando tenía 23, volví.
A mis 26, no sé si volveré.

Cuando tenía 24, en Nueva York todo podía pasar.
A mis 26, todo pasó, a veces en Nueva York.

Cuando tenía 25, me enamoré por segunda vez.
A mis 26, el destino me convence de su existencia.

Cuando tenía 26 no aplica.
A mis 26, ya casi tengo 27.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Postdesamor

Dedicated to Alec Hahn

I tear time and from this side of the world two minutes in an hour do me the favor to transform my thoughts into feelings.

Today I opened a present, waiting’s present.

Inside, beyond courage or enthusiasm, I found fear born in the insecurity of not being loved as I love.

Inside, beyond two minutes, there were two years defeated by recovered jealousy.

But, differing from waiting’s one, your present was not a past fear, but a confession.

I have to confess it will be the first time my literature is written in English.

I have to confess I like to lie to myself or to tell me the truth about our spontaneous and random connection.

I have to confess fear has been transformed into the knowledge that I still can fear because I still can love. 

I finally have to confess I love you or, at least, I haven’t found a way to hold myself not to do it. 

martes, 14 de abril de 2009

Sin comas

Y de pronto quise entender que la fuente de mi dolor de cabeza no eras tú ni provenía del pseudoamor que te tengo ni de ninguna de esas cosas que parecen reales pero que en mi caso son todas inventadas.

Y ya después de mi segunda y tercera y cuarta y enésima experiencia del pseudodesamor me di cuenta casi antivoluntariamente que es tan fuerte mi deseo de amar que termina asesinando toda posibilidad de existencia de eso tan endeble y frágil como la realidad del amor.

Y tarde e inmediatamente fuera del segundo supremo me percaté ya sin deberla ni temerla que me he vuelto como un hielo extraño que se derrite anticonvencionalmente por completo sólo durante un bizarro segundo diario.

Sigue siendo un segundo.

Es el tiempo perfecto de la máxima ingenuidad de la ilusión.

Uno y ya se me hace mucho tiempo.

Un instante-reino-prisión perdido y agonizante en una eternidad-libertad.


(Pero gracias. Me hiciste-me hice escribir de nuevo.)

martes, 25 de noviembre de 2008

Momento-pensar

Es el momento de la justificada soledad injustificada.

Es el momento de extrañar tu inexistencia.

Es el momento de la sangre mental.

Es el momento de pensar.

Es el momento .

 

Pensar.

 

Pensar-momento.

El momento del pensar.

Momento de cinco minutos.

Temporalidad en que me desarmo.

Porque amo infaliblemente desamando.

 

Indefensa, amo, desamando más y más.

Amo, desarmándome más y más.

Hasta que acaba el momento.

Y yo, armada y amada…

… dejo de creer ya.

 Y lo acepto.

Nunca…

 

… aparecerás...

 

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Haberes cíclicos

Hay un comienzo sin fin: un final sin inicio.

Hay una raíz persecutora.

Hay una nariz de pinocho colgada bajo mis ojos.

Hay un “tú” inventado, aceptado, gozado, envilecido y, con suerte, olvidado.

Satanizado.

Hay “yo”, hay “mi”, hay “mí”, hay “lo que soy”.

Unas veces.

Otras no hay.

Hay siempre una crisis extra en mi equipaje de mano.

Pero hay, y por eso no muero instantáneamente, un autoperdón de esos pecados que cometo en contra de mí.

Hay, sí la hay, una divinidad en mi vida.

Yo, mis convicciones, mis pasiones, mis amores, mis ilusiones y mis viajes.

La filosofía olvidada.

Hay una metafísica en mi religión personal: un cielo lleno de futuras aventuras a estrenar, y un infierno repleto de pasados desamores para recordar.

Hay un demonio insistente, contraparte de un dios fugaz: hay un “último” pseudoamor inmanente, contraparte de un trascendente “nosotros” real.

Hay alguien que no eres tú.

Eres tú alguien que no hay.

Hay un fin sin inicio, cuyo comienzo no tiene final.

Pero hay, y parece que por eso muero instantáneamente, un sacrilegio propio: la felicidad a medias, eternamente caduca y vieja, en interminable renovación.

… ciclo que no cesa ni de comenzar, ni de terminar, ni de comenzar, ni de terminar...

lunes, 25 de agosto de 2008

La eternidad del desamor o todos los tiempos del amor

El tiempo de otro de mis tiempos.

El tiempo de mi perdición, que es el tiempo de tu rancio recuerdo tardío.

El tiempo que no debí vivir porque no es tiempo, sino simple espacio temporalizado.

El tiempo de esa otra que ha dejado de ser otra para ser yo.

El tiempo de la confusión como esencia.

El tiempo de mi esencia de confusión, que es la esencia de mi tiempo.

El tiempo en que ya no eres mi tiempo, pero vives en mi espacio temporal.

El tiempo en que ya no estás en mi espacio, pero te repites en mi tiempo espacial.

El tiempo de mi tiempo en ellos, para ya no tenerte más en mi tiempo.

El tiempo de mi fracaso, que no es más que el fracaso de mis tiempos.

El tiempo de mis tiempos: la muerte temporal.

El tiempo en que el amor me vuelve a traicionar porque no deja de convencerme de que es verdad. 

Todos los tiempos del desamor o la eternidad del amor

domingo, 6 de julio de 2008

Déjame esta vez

Déjame besarte con la rechazada entrega de esos labios que duermen a tu lado en mi cama.

Déjame imaginarte como no eres e inventarte como no serás: tocando la guitarra para mis ilusiones, componiendo verdades musicales y cantando absurdos caminos cruzados.

Déjame ser esa que soy, déjame olvidarme de aquella que fui y quiero ser, déjame dejarte, déjame una y otra vez, déjame y déjame, déjame o déjame, para no dejarte en los cinco minutos diarios durante los cuales aún creo en el amor.

Déjame engañar, déjame herir.

O mejor: déjame engañarte, déjame herirte.

Déjame hacer justicia esta vez que me arriesgué a ti.

Esta vez que caí sin caerme.

Esta vez que es la última vez, la única vez, la próxima vez, la enésima vez, la vez.

Déjame esta vez vivir la mejor de las veces.

Déjame esta vez.

miércoles, 4 de junio de 2008

Esta noche neoyorkina

Efímera ilusión, y yo con el corazón en la mano, ofreciéndolo a todo estúpido que pasaba.
Efímera tu visita, efímeros tus besos, y yo con los pedazos de mi corazón y el coraje atorado en la garganta, y yo con los pedazos de mi coraje y ya sin corazón.
No hablas francés, pero hablas el idioma de los cabrones.
No hablo el idioma de los cabrones, pero hablo francés.
Se me acaban las palabras gringas y se me va la vida esperando, sin esperar esperar.
Al final, fui yo la única estúpida a quien no ofrecí mi corazón ya inexistente.

sábado, 15 de marzo de 2008

Mis múltiples

El poder de tu mentira es imaginario, pero tan real que la imaginación misma se siente engañada. Y por enésima vez decidí, con delicada anterioridad a aquella noche en tu "luxury"-Manhattan, seguir autotraicionándome hasta el día de mi muerte. Un “… prends tes mains!” en medio de tu cama y mi rapidez en la matanza de la moralidad, me dejaron con un pie en el borde de la pesadez. Pero es sólo ahora, cuando el recuerdo de lo que nunca pasó me aplasta y me entierra en el cementerio de mis múltiples soledades en Argüelles y Brooklyn, que mi pie ha resbalado ya.

Mensajes de mensajes y dos llamadas, mi nextel y tu iPhone, un sushi en el bar que casi posees, la historia de tu mundo cibernético, mi mojito inseguro, tus meseras atractivas, mi deseo cuasiroto, tu boca indeseada… Átomos amarillos del taxi que me atropelló y me otorgó una más de mis múltiples muertes en Madrid y Nueva York.

Ojalá pudieras leer mi español: sólo te quedaste con mi arete. Mi esencia de sacrificio y culto a la informalidad social de la heterosexualidad no se ha doblegado. No volveré del más allá para que, por segunda vez, mis alienadas manos se pierdan en tu formalidad francesa.

Pero, ya desnuda de ti y de ti-mañana y de ti-demás, no me puedo desnudar del último de mis problemas circunstanciales: no creo en el más allá.

miércoles, 20 de febrero de 2008

19 de febrero, fecha de caducidad del amor

Una soledad en Manhattan no es más que un engaño para los ociosos. Un engaño en Manhattan no es más que una soledad extra en mi bolsillo. Los acontecimientos que han llenado mis 43 días neoyorkinos prohíben la autoprohibición de mi mundito de amor light. Ayer la vida por fin me miró directamente a los ojos y me dejó bien claro que no tengo otra alternativa: “Resígnate, no hay más Madrid de amor fresco; sólo un presente Nueva York, o un probable París, o un olvidado Londres, o, ¿por qué no?, un posible Tokio… de amor podrido, siempre podrido y podrido para siempre.”

Hoy es 20 de febrero, y en Central Park un actor se volvió escritor porque le pregunté y le respondí a la vida: "¿De qué color es el amor? El amor es rojo. A veces es negro."

Una etapa sin vida de una vida sin etapa

Desde ayer tengo el amor atorado en la garganta.
No sé si voy a vomitarlo o a toserlo.

Soltería-soltería que es, simplemente, soltería. Soltería con leche.
Pero no dejo de toser.

Recuerdo que alguna vez te recordé,
y te pierdo sin haberte hallado desde que te perdí.

He derramado tres lágrimas secas mientras jugaba con el poema de Girondo. He dormido ocho horas nocturnas, pero aún no se me apaga la vida. Mi oscuridad de-mente es sólo un ligero apagón de-s-esperanzas.

Nueva York no perdurará en mi eternidad, sino apenas en mi temporalidad. Del lustro madrileño y del año neoyorkino, gasto cinco años de antaño y el año del año.

Éstos son los segundos de mis delirios de nada.
Éstos son los minutos de mi saciedad del todo vacío.
Éstas son las horas de mi hartazgo de soledades acompañadas.

Brooklyn renace en su vejez.
Manhattan envejece en su nacimiento.
Y yo soy la misma desde que cambié.

No me queda más que saborear las vespertinas nostalgias azucaradas que añado a mi matutino café negro del deli fílmico, la nueva soledad de mi vivir sola, y mi etapa de vida cuando no hay ni etapa ni vida.

domingo, 10 de febrero de 2008

Mis labios pecaminosos

El amor podrido renació en mí por culpa de aquel fugaz beso indiferente que me encarceló en la ilusión más imbécil de mi adaptación neoyorkina.

Amor caduco, ya no amor con leche, sino amor cortado. Aquél fue el desayuno etéreo durante mi pasado multiusos, siempre victimario pero aparentemente víctima, que elementalmente podría ser definido como el tiempo en que aterrizaba en el aeropuerto de las desilusiones más jugosas.

Se acaba la etapa del vértigo. Ma nouvelle étape, tu ne seras plus avec moi. Y si un segundo se termina, es porque otro segundo comienza. Tal es como funcionan los consecutivos. Son las 12.01 am. Pronto serán las 12.02 am, y hallaré aún más belleza en los números. La simetría, yo la dicto. Los parámetros estéticos de la misma, me los he adueñado también.

Ayer masticaba un inglés con sabor a cerveza. No dije mucho, sólo la verdad acerca de la soltería. Ignorarla es más meritorio que disfrutarla. Ahora sé que tengo unos labios pecaminosos, los mismos ciegos que han besado la vacuidad semiasiática, la vaciedad europea y la nimiedad americana.

El amor podrido renaciente, ¡la alarma ha sonado! Ya no habrá más subhumanidad en mis letras; sólo habrá humanidad en mis imágenes móviles. Ya no habrá más subhumanidad en mis pensamientos; sólo habrá humanidad en las verdades de la mentira que me cuente para mantenerme mundanamente activa y sonriente aún más allá del trayecto de metro que me lleva de Williamsburg a Union Square.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Tres gracias de amor y desamor

Más desenamorada que nunca, vengo a darte tres gracias por lo mucho que me quitaste.

El primer gracias, desamor mío, te lo doy porque me arrebataste la tristemente ingenua pero siempre sobreviviente ilusión del amor. Después de ti, amar ya no fue engaño simple, ni simplezas engañosas. Amar dejó de ser el ser, convirtiéndose en una minúscula partícula del polvoriento no-ser.

Un segundo gracias, mi desamor, te lo dedico por haberme quitado el miedo de mí. Me despojaste de toda duda acerca de mis potencialidades inéditas, orillándome a verbalizarlas y publicarlas precipitadamente segura de mí. Y, ya con mis obras pasionales editadas y hasta autografiadas, dejaste de ser la espina que me hacía sangrar mentalmente todo el día, día a día, cada día.

Gracias por tercera vez te digo, desamor de mis desamores, siendo imposible ignorar tu pulverización de mi confianza en aquellos seres que aman con fácil acento de superficialidad. Como rey de todos ellos, eres uno más de esos individuos que se hunden en las cotidianeidades del amor de calles o romance barato, o especie de amor-completud en el que los amantes actúan con normalidad mundana. ¡Conformistas, que por desamor amo! Si no fuese por su existencia, del amor no podría destacarse poéticamente esa dimensión amorosa habitada por el amante solitario de Sabines, ni aquel sabor de la sagrada aventura polígama bañada de inmoralidad moralizada, ni esa bendita soltería errante que es motor del auténtico amor amoroso. Gracias a ti no confío más en estos conformistas del amor, pero los amo, porque me hacen desamar una y otra vez para amar siempre otra vez una sola vez.

Pero más allá de este triple agradecimiento, me planto frente a ti, mi más preciado desamor, ofreciéndote, para quitártelo y herirte, este amor viejo y amargo, que se endulza poco a poco y más y más cuando me recuerdo como te recordé aquellos días madrileños en que me desamaste: sola, feliz y fiel a mí.

martes, 25 de diciembre de 2007

Bariloche sin noche

El efecto inmediato de aquel encuentro patagónico fue la inapelable decisión del sol de no desaparecer mientras los dos viajeros se hallaran presentes y juntos en aquella turística ciudad de Río Negro. Siendo lo menos fenoménico que ambos habían vivido, no consiguieron ni una sola noche en Bariloche.

Intentaron dejar todo a la suerte de la cadencia de las bolas de billar que debían recuperar antes de perder. Pero el azar poolesco, ése del color redondo en movimiento, jamás se puso a su favor durante aquellos días de una Argentina a punto de explotar de verano.

Nunca les anocheció. Todo en sus pocos días en común fue desencuentro diurno. Fue por eso que decidieron comerse el tiempo que los devoraba, ése que los engullía siempre en forma de caprichosa cronología causante de su rendición ante la iluminación tirana y ya dueña de aquellas decembrinas horas de hostel.

No hubo noche en Bariloche. La oscuridad, ya sea por cobarde o por cabrona, huyó, y, después de un almuerzo asincrónico en el Cerro Otto, venido en parte por la suerte traicionera de una apuesta regalada en el lúdico living del Tango Inn, sólo les quedó la propuesta de los minutos que no tenían antes de que ella volviera a Buenos Aires.

No fue una noche en Bariloche. Fue una temporalidad robada al destino, empeñado en que la típica aventura post-boliche quedara interrumpida en clandestinidad pasional, echando a perder cualquier potencial romántico alcanzado gracias al “salud” hebreo y al “lechaym” mexicano.

Los viajeros, entonces, dejaron de ser turistas para transformarse en ladrones, arrebatando algunas horas a la noche ilegal que no reconocía el derecho de los amantes a la nocturnidad coexistencial. Ilegales ya como la noche misma, los viajeros se encontraron a sí mismos libres de culpa y culpables de libertad, pero principalmente irrespetuosos del tiempo y el lugar.

Sin noche, Bariloche fue decadencia viajera del amante cualquiera y violación espaciotemporal del amor casual. Pero Bariloche sin noche fue además, no sé si lo sepas, el día de 24 horas y 30 segundos que inventamos para que yo pudiese llegar al vuelo ya confirmado hacia cualquier otro sitio donde no te vería más.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Unas breves palabras a los varones breves

Hoy tengo ganas de insultarles. Porque unos días más sola y me hundiré en las tantas letras de mis tantos escritos. Tengo que parar. Pensar y escribir empiezan a ser dos caras de la misma enferma enfermedad: ¡el amor en la sola soledad!

Hoy tengo ganas de valorar dedo por dedo de mi pie izquierdo, para mostrarles que todos ustedes juntos no alcanzan el valor de una sola de estas partes de mi cuerpo.

Hoy me he dado cuenta de que no fueron ustedes los que me olvidaron fácilmente, sino que, cuestión no de mi corazón sino de mi mente, fui yo la que sintió más para olvidar menos, y tener algo que escribir, ¡algo decente!

A veces me da risa escuchar y contemplar los chorros de palabras vacías que sus bocas emanan en la desesperación por conseguir la nocturna falacia que (se han inventado) les mantiene vivos y lejos de una sexualidad en desgracia.

Pobres seres escasamente pasionales (y por ello, menos y menos racionales), pues, frente a esa palabrería, yo pregunto y aún sigo preguntando sobre lo que no se respondería: ¡preguntas con imposible respuesta, mi pan de cada día!

Risa y lástima me causan, y sin embargo la utilidad a ustedes me arrastra.

Mis útiles literarios, mis herramientas del deseo y mis mentiras engañadas, ¿han entendido ya que su esencia desde aquí tan sólo es astucia derrotada, ingenuidad otorgada, presunción ridiculizada y alteridad superada?

Y lo más gracioso de este texto en –ada es que no logra quitarse la feminidad que a la letra superior ha sido otorgada.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Soberbia verbal (o reacción a una monogamia militar)

Tengo el amor a punto de explotar.
Que no se me atraviese ninguna aventura,
ni él, ni tú, ni los demás.

Tengo el amor a punto de explotar.
Y los daños podrían ser irreversibles,
pasionalmente graves,
si me besaras una vez más.

Tengo el amor a punto de explotar.
Y si llegaras de pronto hasta aquí,
al Fin del Mundo,
seríamos, como antaño,
sólo dos prisioneros más.

Tú y yo, dos, en mi cárcel personal.

Desaparece ya de mi camino mental. Que mis pensamientos no nos hagan volar. O que mi vuelo no aterrice en nuestra diferente y libre voluntad.

Desde la lejanía de los Andes, te escribo, con la mente enamoradamente en peligro y peligrosamente en amor, esto, ¡pura soberbia verbal!

En la Tierra del Fuego, me quema tu recuerdo, me maltrata tu presencia ilusoria y me persigue tu ausencia real. Y en el Lago Argentino, me moja el riesgo (de lastimar, -me, -nos, -te) que, al final de cuentas, es un glaciar más, derritiéndose poco a poco, por lo lejos que estás.

Pero el estandarte de mi miedo a ti en el hielo de estas frías tierras sudamericanas (¿afortunadamente?) no se puede clavar. Es únicamente en nuestro país en común donde no habría piedad.

Corazones al grito de guerra...

Corazones-soldados nacionales lucharán y latirán por su libertad, en esta común y excéntrica monogamia militar, guerra, tan ajena a la Patagonia, que está por estallar.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Siendo aún más sincera...

En realidad, los hombres sólo me sirven para escribir. Intentos poéticos, pseudopoesía, literatura improvisada, arte meramente pretencioso, neoverbalizaciones corporales y mentales, vivencias mezcladas en la letra, invenciones literarias mojadas de filosofía, inventos filosóficos colgados en las esquinitas de mi monolito poético... Y un pasado que me cuesta esquivar, por empeñarme en exprimirlo una y otra vez hasta dejarlo seco, con las arriesgadas intenciones de sacarle todas las gotas de mi empirismo pensante: una a una, y todas reunidas (revueltas o bien delimitadas) experiencias-gotitas que llueven de mis aventuras-nubes, primeras y segundas (mayoritaria y minoritariamente) amorosas, pequeñas y grandes, verdaderas y falsas, reales y ficticias, débiles e intensas.

Para ser sincera, me estoy acostumbrando a mi soltería impuesta y a mi orfandad adoptada. Y, no puedo negarlo, me está gustando tan independiente nueva costumbre.

Pero, siendo aún más sincera, no logro erradicar mi anhelo de que un mismo amante me reciba en cada aeropuerto que piso. O, mejor, sueño con aquella utopía del amor humanamente viajero (o "novio portátil") que cargue mis maletas y documente las suyas como mi equipaje, que compre todas las plazas disponibles de todos los vuelos que tomo, que tenga un pasaporte lleno de visas de mis naciones y sellado sólo con mis besos: un vagabundo de mis laberintos, en cuyos boletos mexicanos, billetes españoles o tickets internacionales se lea siempre como destino el mío.

martes, 27 de noviembre de 2007

No sé, y mis lágrimas, y vos

No sé cómo decirte que no existe vacuna, que soy yo la que tiene que desintoxicarse de la subhumanofilia crónica que llevo cargando desde hace unos 365 días cronológicos en una temporalidad exactamente marcada desde su aburrimiento hasta tus palabras de hoy.

Tampoco sé cómo apareció tan común enfermedad, vulgar, poco merecida, al menos en mujeres que ya nos hemos topado una y otra vez con los mismos varones ingenuos de nuestra ingenuidad.

Sé aún menos cuál podría ser la cura del veneno fatal que te he dado a beber, efecto secundario líquido del no saber rechazar un beso.

No sabría jamás psicoanalizarme a partir de esos sueños cinematográficos que me orillaron a pedirte un beso y sentirlo en la imagen del obelisco porteño y la 9 de julio atrás y delante, de ti y de mí.

No sé cómo gritarte que quiero huir, que me dolió y me gustó escucharte, "... me tengo que vacunar contra vos...", que me saliste más metafórico en el micro que la metáfora real de esta crisis venidera.

Sos vos, sin duda, eres tú, el acertijo bonaerense que me ha bañado en la confusión de unas cataratas de Iguazú mojadas... ¡Agua empapada de todas las lágrimas que aún me quedan por derramar!

sábado, 17 de noviembre de 2007

Oda a la soltería errante

“Puse precio a mi libertad, y nadie quiso pagarlo..."CALAMARO

¡Viva la soltería!
¡Viva el precio que nadie quiso pagar!
Y la pregunta filosófica siempre irresuelta:
¿qué es lo que me espera allá, en pleno "Fernweh"?

Besar el futuro, posible respuesta,
deliciosa propuesta de los amorosos de Sabines.

¡Vivan los besos que aún no me han besado!
¡Vivan las copas que todavía no me han invitado!
¡Vivan las manos que no me han acariciado!
¡Vivan las palabras que aún no me han perturbado!

Bendito futuro,
santa pasión pura,
intocable pureza pasional,
soltería-divinidad,
¡que viva mi soledad!

Brindo por todo ello con Corralejo,
en una tequilera ciudad de Buenos Aires.
Brindo por todo ello con un cabernet salteño,
tinto del día abismal
en que la verdad más mentirosa salió de mis dedos solitarios,
esos diez que se empeñan en manejarse con cerebro y corazón propios.

Lo siento amor,
no me inspiras nada para completar mi "Guía de cómo combatir el amor".
Lo siento mi cielo,
soy caótica,
pero no hay caos más disfrutable que mi vida antes y después de ti.

Me prometo, sin riesgo a traición,
que el único camino de vuelta a ti será el recuerdo del olvido traicionero,
en la inmensidad del cielo latinoamericano,
donde el sentido de mi pequeñez se presenta sin avisar,
en esa inmensidad loca,
gemela de la locura inmensa de mi inevitable libertad,
allí donde me pierdo en el vacío,
pero justo ahí donde hallo (una y otra vez) mi completud individual,
desintoxicada ya en las yungas y salinas argentinas.

El olvido, te repito,
el enemigo más amigo de mis sentidos,
esa evasión del pasado pasional de la pasión pasada,
asesinada por mis latinos y telenovelescos arranques emocionales,
pero velada y enterrada ya desde antes por tu odioso silencio germánico.

Mientras haya algo que escribir,
no hay arrepentimiento que predicar.
Mientras haya sentimientos y emociones que comunicar,
aunque sordos sean los que escuchen,
o ciegos los que leen,
o pendejos los que callen,
y mudos los que hablen,
creo en la inmoralidad del "sentirme mal por haber amado tanto",
creo en la prohibición del vivir mortal sin amor-quilombo,
y en el aniversario de mi romance conmigo
me regalaré esos cuatro claveles del tango de Calamaro.